Entre la ciudad, la soledad y lo invisible: ángeles que caminan entre nosotros sin saberlo.
COMENTARIO DE UNA RELECTURA
Volví a leer La arquitectura de los ángeles después de un tiempo y me sorprendió comprobar que me seguía conmoviendo como la primera vez. Hay libros que en la relectura pierden fuerza; este no. Tal vez porque no se apoya en grandes giros ni en efectos espectaculares, sino en una mirada atenta sobre personajes quebrados, desplazados, que buscan —a veces sin saberlo— alguna forma de sentido.Se trata de una novela corta de ágil lectura, con un lenguaje simple y con tonos de humor e ironía, que se estructura en capítulos muy —pero muy— breves, que funcionan casi como escenas. A través de ellos, la novela nos presenta historias urbanas de personajes que se entrecruzan, en principio, de manera azarosa; pero luego, con el correr de las páginas, se va revelando el hilo conductor que le da sentido a cada circunstancia narrada: vidas que parecen dispersas, de a poco, dejan de serlo.El título puede llevarnos a una idea errónea acerca de su contenido (al menos eso me sucedió a mí antes de comprarlo). Sin embargo, no estamos frente a una historia etérea ni mística. Muy por el contrario, se trata de una novela profundamente terrenal, urbana, poblada de vidas marcadas por la pérdida, el cansancio y la soledad.La historia principal gira en torno a dos personajes: Manu, un astrólogo de 78 años que acaba de perder a su madre y a su joven amante, y Ramiro, un desocupado de cuarenta años que perdió todo (su trabajo, su familia y su dignidad). Alrededor de estos personajes marginales se teje una trama donde el pasado y el presente confluyen, y aparecen otros personajes (no menos importantes) atravesados por distintas formas de supervivencia.
Manu y Ramiro ya casi no tienen certezas sobre sus propias vidas. Están cansados, solos, desorientados. Y es precisamente esa falta de certezas la que los pone en movimiento, la que los empuja a buscar respuestas y —¿por qué no?— algún tipo de redención. La corrupción, la amistad, el amor, la infidelidad, los desaparecidos en dictadura y la astrología son algunos de los motivos que impulsan estas historias de ángeles terrestres, de personas comunes que parecen tener una misión sin siquiera saberlo.
«Algunas de las personas que están entre nosotros son ángeles, pero no lo saben. Estas criaturas sutiles nacen de una madre humana y transcurren en la vida sin que nada denuncie su esencia angélica. Antes de nacer ya tienen su misión encomendada. Les fue soplada al oído por el Hacedor, y aunque la han olvidado, toda su vida se justifica en el momento en que la realizan».Creo que lo que más me gustó de esta novela es que, quizás, no haya manera de reconocer nuestros destinos de antemano. Las misiones no se anuncian y las vidas no vienen señaladas. Todo ocurre en el mismo plano, sin diferencia aparente, hasta que algo —un gesto, un encuentro— justifica el camino recorrido.
*Liliana Escliar (Buenos Aires, 1959) es escritora y guionista de cine y televisión. La arquitectura de los ángeles, su primera novela, recibió el Premio Planeta 2000.

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